Los primeros momentos

Los primeros momentos

Los primeros momentos

Espera de pie. Quizá son los nervios o la rabia por tener que esperarle. Hace bastante que no se ven. Aun así, recuerda su cara aniñada y traviesa vestida de castaño claro, sus prominentes ojos azules y su sonrisa cómplice. Se enfada y mira las nubes que acompañan Barcelona en esa tarde de viernes que despide el invierno. Cruza la calle para coger el metro e irse a casa. El viento del norte ha llegado a la ciudad en forma de frío. El semáforo, sin embargo, le cierra el paso. Antes de que se ponga en rojo vuelve al sitio en el que durante minutos ha dado vueltas. Merece la pena intentarlo y seguir esperando. Sólo cinco minutos más, se dice a sí misma. Así que cierra el libro de turno que siempre le acompaña, lo guarda en el bolso y contempla el ritmo la ciudad apoyada sobre una jardinera que ya posee las plantas de darán la bienvenida a la primavera.

Detente un momento. ¿Te gusta lo que estás leyendo? Síguelo haciendo con esta preciosa canción :)

Mientras espera, piensa: ¿Qué elegirá? ¿Un café? ¿Un té? No, demasiado formal para él. Seguro que opta por una Coca-Cola, al fin y al cabo es un tío y no se complican.

–  Tomaré un café con leche –pide ella al camarero–.

–  Y yo… una Coca-Cola.

En la cafetería escogida al azar, él guarda silencio mientras bebe su original refresco. Ella, remueve la espuma de su café. Hablan entre silencios. “Si no pregunta nada, me levanto y me voy”, le ronda por su mente pese a que intenta levantar el ánimo de la conversación con su efusiva expresión facial. “Qué le pasa. Este chico es increíble, pero apenas enlaza palabras y aguanta la mirada”, sigue descifrando en sus pensamientos enfurruñados.

“¿Nos vamos? He quedado”, le anuncia él sin mediar palabra. «Ni hablar», reniega por dentro ella después de hacerle esperar casi media hora. Así que vuelve a intentarlo: vuelve a sacar temas sin demasiados frutos. Él es urbanita y ella, una enamorada de su montaña natal. Para colmo, a él no le gusta el monte. Vale, tienen algo en común: el fútbol. Pero ni el deporte rey es capaz de unir las palabras de ambos. La cita está abocada al desastre.

Ambos se levantan. Caminan por una calle transitada, distanciados entre ellos, como si se tratasen de dos desconocidos.

–  Nos vemos pronto –se despide él–.

–  Sí. Y eso que sólo hace dos días que nos vemos –responde ella asentando con la cabeza–. ¿No te cansarás jamás de rememorar nuestra primera cita? –le pregunta sonriendo–.

–  No, cariño. Me encanta revivir aquellos primeros momentos. Me gusta ver tu cara de incertidumbre de aquel mediodía de primavera cuando mi timidez me nublaba –le recuerda mientras le acaricia la mejilla y le abraza el cuello–. Como siempre, has pedido un café con leche y has disfrutado removiendo su espesa espuma –prosigue susurrándole en la oreja–. Además, en la primera cita no te dije ‘te quiero’ –evoca mientras la besa–. ¿Creías que las cosas serían distintas?

–  Lo bueno nunca ha sido fácil –responde apretando sus los labios sonrojada–. Te quiero.

 

2 Commentarios
  • Anna
    Posted at 12:35h, 31 marzo Responder

    Preciós text! Toques tots els gèneres amb molta facilitat, enhorabona. 

    • Alba Casanovas
      Posted at 15:31h, 31 marzo Responder

      Moltes gràcies, Anna :) 

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